27 de abril de 2009

Esto se pone más trágico.

Mientras el primer día de encierro oficial transcurre
Afuera quizás sea un caos, calles desoladas y abandonadas, reemplazadas por hogares seguros ultilizados como refugios, donde poca gente transita, tan solo la necesaria, la habitual, la que si no tuviera que salir, se quedaría en su casa con sus hijos y sus espos@s, viendo las noticias; Las noticias que dicen lo mismo una y otravez imparablemente, que anuncian nuevas cifras crecientes de muertos, infectados, tan solo para dejarnos saber que el mundo se ha olvidado del SIDA, calentamiento global, incluso de Hugh Jackman en Wolverine, para saber que hay una nueva amenaza, que a nosotros parece durarnos una semana y media, pero que sabemos que no sabrémos cuándo terminará, o si terminará.

El calor infesta las noches aún mas solitarias, son cálidas y a veces húmedas, se siente casi el frescor que reside en las calles y avenidas, se escuchan sólidos golpeteos de taconazos contra el pavimento, algunos motores de carros y los murmullos de los noticieros en las televisoras de las personas que habitan cerca.

Y tú, ni tus luces, he dormido, he comido, he visto tele sin sentido, toqué el piano, aprendí una nueva melodía, me bañé, todo sin sentido. No creo que no quieras llamar, no puede ser que después de haberte puesto ebrio y prometer que llamarías para salir a vernos te hayas arrepentido, o te hayas dado cuenta que era solo porque estabas ebrio, no. Eso no, yo mantengo la trágica esperanza de que en el temblor, mientras estando en tu casa, te cayó una lámpara de cerámica que a la vez te provocó ir al hospital, donde hay miles de enfermos y otros tantos con cubrebocas que advierten nuevos muertos, y sin querer uno te dio la mano porque te pasó el celular que se te cayó y se descompuso ¡por eso no marcaste! Entonces te alarmaste, ¿cómo le dejaré saber que pienso en ella?

Tu mano la llevaste a tus dientes, golpeteándolos, junto con el virus, ibas de camino a mi casa, cuando de repente, estornudaste, tenías mareos, y tu garganta te ardía y una señora amable sin hijos que usaba un cubrebocas te llevó al médico "se tendrá que quedar" dijo él, basicamente como grabadora; Dormiste, querías pedir una llamada, pero te ganó el sueño y lo que te medicaron, dormías con la sirena de las ambulancias, con los doctores caminando y pisando con sus zapatos el fuerte mármol blanco, las enfermeras murmurando, personas que pasaban y hablaban, y finalmente, nada.
Debías llamarme. Sí, eso fue lo que pasó, yo entiendo :] influenza, temblor
tan solo natural
Y yo, le ruego a mi padre, "unas horas mas" defendiendo a mi fiel y leal computadoraque ahora tiene un virus indetectable escucho Mozart, y pienso en todo aquello que te ha pasado ¿en qué hospital estarás? quisiera ir a buscar
pero no dispongo de un carro, o un tapabocas; ni siquiera de mayoría de edad para poder ir a hablar
tan solo me quedo aquíen la noche acalorada, que siento que me encierra escuchando la lluvia caer en el cocheque hoy lavó mi hermana.

-Busco en mi almohada Nicotina y olvidar.
-Nicotina con olor a alcohol, amarga el corazón, siempre para olvidar.